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Clarividencia

En el mundo de la videncia se habla de tener poder de clarividencia. Cuando se habla de clarividencia lo primero que surge es lógicamente su sentido base: visión clara…clara videncia.

De hecho la definición del diccionario nos permite entender su lógica:

“1. La facultad de comprender y discernir claramente las cosas. 2. Penetración, perspicacia.”

En esta primera definición hablamos de una inteligencia lúcida, sana, que no se ve enturbiada por prejuicios.

Hay una segunda parte de la definición:

“3.  Facultad paranormal de percibir cosas lejanas o no perceptibles por el ojo. 4. Facultad de adivinar hechos futuros u ocurridos en otros lugares. “

Aquí ya entramos en algo “paranormal” que, por su misma definición, ha de ser algo infrecuente…extraordinario. No estamos hablando de que sea una facultad inexistente…, sino de que es una actividad rara…, que ocurre bajo circunstancias especiales y con un fuerte significado para la persona.

Por tanto la idea que se tiene del clarividente como una persona que en todo momento puede acceder a dicha facultad está equivocada. Tradicionalmente existen ritos que facilitan la activación de esa facultad, pero como es algo semejante a la inspiración no se puede garantizar el resultado.

De hecho ya la facultad “normal”, la primera parte de la definición, nos aparece como algo dificil de conseguir.  Ha sido tarea de los filósofos durante siglos el tratar de conseguir esa mente clara, y esa ha sido la influencia base para el método científico en el que se intenta obtener un juicio claro y distinto, objetivo, sin empañamientos.

La primera definición vendría así de la mano de la ciencia…, la segunda de manos del arte. Momentos de visión, fugaces e imprevistos, que nos permiten vislumbrar realidades invisibles. Corazonadas, presentimientos, que nos permiten intuir el rumbo de las cosas.

Por tanto para desear lo segundo, esa facultad paranormal, primero habría que preocuparse por obtener lo primero, la facultad normal del juicio correcto.